Caso Daniel Santos
Emprendedor Nacional del Año 2008
En septiembre de 2008, bajo el marco de la Tercera Cena Anual de Recaudación de Fondos, Fundación Impulsar seleccionó a Daniel Alejandro Santos como el Emprendedor Nacional del Año 2008. La designación no fue casual. Daniel es una persona simple, solidaria y laboriosa, altamente colaboradora y con un elevado interés en aprender y progresar.
Los invitamos a conocer a nuestro emprendedor 2008:
“Hola. Soy Daniel Alejandro Santos, nací el 5 de octubre de 1981 en Guaymallén -Mendoza- y soy el mayor de cuatro hermanos.
Desde chico me gusta desarmar y arreglar cosas. A los catorce años, y con la ayuda de un amigo que me prestó su soldadora, hice una bicicleta yo solo porque no contaba con el dinero para comprarla. Fue todo un desafío. A los nueve años me descubrieron un problema en el corazón. Recién a los veintidós, luego de sortear dos intervenciones quirúrgicas y gracias a la donación de los honorarios del cirujano, mi corazón quedó en excelentes condiciones.
Cuando egresé del secundario trabajé en varios lugares pero la experiencia no fue satisfactoria. Eso me sirvió para darme cuenta de que necesitaba otra cosa: no me sentía satisfecho con esos trabajos, tenía deseos de superarme, de emprender algo por mi cuenta, de independizarme. Creía que debía hacer algo al respecto pero no tenia idea por donde empezar. Estaba trabajando en un taller metalúrgico. Como conocía bien el oficio y me di cuenta de que es un negocio rentable y con mucho crecimiento, decidí invertir mis ahorros y tiempo en él.
Empecé a trabajar en el garage de mi casa de forma muy precaria. No tenía los medios para dar el paso de crecimiento. No contaba con empleados, solo unos primos o amigos que ayudaban de vez en cuando. A su vez, comencé a asistir a cursos gratuitos de soldadura dictados en la Municipalidad de Guaymallén. Trabajaba en la intemperie, cuando llovía no podía hacer nada. Cuando tenía trabajos grandes, no podía sacarlos por la puerta. Recuerdo una vez que tuvimos que armar una escalera: debimos hacerla en la calle y atarla a un árbol para que no se la robaran. Dormí al lado de la ventana toda la noche.
Necesitaba más plata. Tenía la expectativa de poder concretar mi sueño, tener una empresa. Fue ahí cuando me enteré de Fundación Impulsar. Mediante un diario local, vino a mi conocimiento la convocatoria de Impulsar en abril de 2007. Mi interés era conseguir financiamiento. Sin embargo, Impulsar me brindó muchas más cosas que dinero. Impulsar me dio una amplia e interesante capacitación: el curso me sirvió porque pude poner todo en práctica, me ayudó a desarrollar mi proyecto, a definir mis productos, a elaborar planillas y a detallar costos. Durante el estudio de mercado hice clientes nuevos y fue muy positivo. La capacitación me permitió llevar mi emprendimiento a otro nivel, a trabajar como una empresa en vez de cómo un taller. Si bien me costó mucho asistir al curso ya que estaba trabajando y cursando en la facultad, no falté ni una sola clase. Fue la mejor inversión que hice con mi tiempo.
La mentoría que me otorgó Impulsar es igual de importante que el curso de capacitación. La ayuda de mi mentor es vital para mi emprendimiento. Confío ampliamente en él, no tiene otro interés en mi empresa más que el que me vaya bien. Su dedicación y solidaridad son aptas de imitación. Siempre me resuelve dudas y me asesora gracias a su experiencia empresarial y comercial.
Con el préstamo compré una soldadura semi-automática. La misma me permitió aumentar la productividad de mi negocio. No me cuesta devolver el préstamo ya que mi empresa está mucho mejor.
Gracias a Fundación Impulsar “Metalizar” ha atravesado varios cambios: he dejado de trabajar en el garage de mi casa, hoy tengo una oficina donde atender a la gente; he logrado concretar la habilitación municipal; he colocado un cartel luminoso que promociona el local; estoy facturando mis trabajos y compré el dominio de la página Web. En este momento, cuento con dos colaboradores. Metalizar no ha parado de crecer. Muchas veces me han ofrecido ir a trabajar a otras empresas porque saben que conozco el oficio, pero no me pueden convencer. Mi emprendimiento me cambió la vida, me da satisfacciones que nunca hubiera obtenido de ninguna empresa. Todos los días son un desafío. No hay límites, los límites los pone uno. A Fundación Impulsar le debo un eterno agradecimiento por apoyarme en los momentos difíciles y por realizar mi sueño: crear mi propia empresa.


